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La violencia: Acción Indispensable de la Sociedad



Escribe: Jesús Mojo López 

Marx ha dicho que «sin  violencia no hay historia » ¿Qué de cierto tiene esto? ¿hasta donde es necesaria la violencia en una sociedad?. «La violencia es muchas veces justa » había dicho además Walter Benjamín, ¿Es cierto? ¿hasta donde es justa la violencia?. Esas son preguntas fundamentales  sobre la que vamos a pensar la violencia.
La historia de los hombres es la historia de la violencia y al mismo tiempo la cronología de la historia es también la cronología de las violencias. La violencia requiere de dos partes, en la que ambas pretenden dominar a la otra de modo que la parte que logra vencer pueda imponer a la otra su voluntad; la violencia es un mecanismo de imposición; el deseo de dominio es una expresión histórica del hombre, aquí hay un juego de voluntades y de conciencias, ambas partes quieren somete a la otra, es entonces que nace la violencia como mecanismo de dominio. En la historia, una parte de la población quiere imponer siempre su voluntad y,  muchas veces es el pueblo quien enfrenta al estado para tratar de revertir la autoridad de este sobre el primero.  Cuando el pueblo logra vencer al estado, este debe recurrir a las armas para imponer el terror y por ende su voluntad, ya que sin ella perdería el dominio de la situación. En síntesis, son estas concepciones la que hacen que la violencia es necesaria en el desarrollo histórico de la sociedad.    
Marx no se equivocaba al decir que «la historia es la lucha de clases», la lucha entendida como una forma de violencia; por ende nadie puede objetar el hecho de que la historia se construye con violencia ya que sin ella el avance histórico de la humanidad no seria posible. Se engaña a si mismo el que piensa  que la sociedad puede desarrollarse sin violencia. 
 La violencia es parte de cada ser humano. Ghandi, el mas grande pacifista de la historia  llevaba en el muy fondo de su ser una intuición violentista, ya que dialécticamente el pensar mucho la paz lleva a pensar necesariamente en la violencia, y la violencia entonces aparece como un mecanismo mas inmediato para lograr las aspiraciones sociales e individuales.
Entonces. La violencia es fundamento básico del movimiento de la materia viviente, es decir es la base de los seres vivientes, ya que es a través de ella que se logra lo que se quiere; pero aunque esto parezca una fundamentación violentista y animalesca, es una de las leyes fundamentales de la sobrevivencia.   Darwin nos había dicho ya, que «el más fuerte es el que sobrevive» y esa es la ley fundamental de la vida.
La violencia; no es posible que no exista la violencia, la sociedad necesita de la violencia y es su instrumento para lograr detener al opuesto contrario, que generalmente es el estado autoritario. El hombre, también hace uso necesario de la violencia para someter su autoridad sobre otro hombre; pero al ser este integrante de la sociedad se convierte en la especie de un genero que desequilibra la integridad, por tanto se desarrolla un movimiento que contagia un todo absoluto que vibra mientras aumenta su velocidad, la que finalmente estalla en caos y violencia.  
No es posible pensar la violencia sin pensar también en lo justo que podría ser esta. La violencia es justa en la medida que este renueva una época histórica que se vuelve letárgica y constante. La violencia de las revoluciones son justas, porque nadie puede cuestionar la Revolución Francesa o la Revolución Bolchevique que fueron revoluciones excepcionales y violentas, una menos que la otra sin duda.
En resumen; la violencia es necesaria y justa, lo primero por que hace avanzar la rueda de la historia social, siempre supedita al dominio de una voluntad sobre otra y; lo segundo porque impide el retroceso social histórico y cuando menos justificable en los abusos que el poder puede ejercer sobre el pueblo, de manera que este ultimo pueda reaccionar violentamente para impedirlo.  

El Che Guevara y Fidel Castro



Recopilación de Fotos: Jesús Mojo López

La Libertad del ser Humano se Ganará con la Reducción de la Jornada Laboral



 Entrevista a Carlos Tovar 
-En su Manifiesto del siglo XXI usted expone la necesidad de reducir la jornada laboral. ¿Algún político ha recogido esta idea?
-No, no hay ninguno. En 1932, Bertrand Russell planteó la jornada de cuatro horas. Yo estoy siguiendo a Russell en mi planteamiento, aunque con otra fundamentación. Ojalá hubiera alguien para plantear la jornada de cuatro horas, pero hasta el momento no lo hay. Sin embargo, una frase que yo cito siempre es la de Eduardo Galeano que dice “para qué sirven las máquinas si no es para trabajar menos”.
-El incremento desproporcionado de la tecnología, el avance de la era digital, debería darnos mayor libertad, pero aún tenemos ese primitivismo en el uso, entonces, ¿cómo podemos manejar ese desnivel que existe?
-Ese es justamente el problema. Marx lo percibió e inteligentemente lo expuso cuando dice que “la máquina, que debería servir para liberar al hombre, se convierte, en manos del capital, en todo lo contrario: un instrumento para esclavizarlo”. Y cuando lo esclaviza, lo enajena.
-¿Y por eso predica la jornda de cuatro horas?
-Así es. Yo estoy convencido de que, al reducir la jornada de trabajo, no solamente vamos a resolver el problema económico de la humanidad, sino también el problema de la vida, la cultura y la libertad del ser humano. Vamos a dar un paso para cambiar las cosas y hacer que el ser humano pueda ser libre.
¿Pero cuánto de posibilidad tenemos para que toda esa utopía marxista tenga un aterrizaje en la realidad?
-Bueno, no la llame utopía marxista, porque en realidad la reducción de la jornada puede ser aceptada y entendida por muchas personas sin necesidad de ser marxistas. Es una cuestión de sensatez y de sentido común.
-Utopía humanista, entonces.
-Podría ser. Te respondo: es perfectamente posible hacerlo, y es muy sencillo. Estamos muy cerca de eso.
-¿Cómo así?
-Es cuestión de que todo el mundo se ponga de acuerdo. En ese sentido es paradójico, porque es simple y a la vez complejo. Pero sí tiene que ser una lucha universal. Si ya lo fue en 1919, cuando rápidamente se extendieron por el mundo las huelgas por las ocho horas y se conquistaron, ahore es muchísimo más factible que entonces.
-Pero, en esa época la gente llevaba una vida mucho más comunitaria. Hoy, la tecnología ha individualizado a las personas y eso ha afectado a lo colectivo, a la comunidad.

-No, no creo que sea la tecnología la que ha separado a las personas, es el sistema económico. Mire, en Francia hay una huelga general, la gente empieza a protestar a pesar de la desunión y la individualización que usted dice. Estas huelgas que se están produciendo en Europa podrían ser los preámbulos de un nuevo mayo del 68. Si en aquella época, los movimientos obreros y estudiantiles hubieran sabido lo que buscaban, se habría conquistado algo.
-¿No sabían lo que buscaban?
-No, porque no tuvieron una reivindicación concreta. La reivindicación que les faltó plantear, en ese momento, era la jornada de cuatro horas, el equivalente de las ocho horas de 1919. Si la hubiesen planteado, ese movimiento hubiera llegado a la victoria y hoy estaríamos en una sociedad muchísimo mejor que el tenebroso pantano en que nos encontramos ahora. Hoy es posible que haya otro mayo del 68. La historia evoluciona con saltos cualitativos, cada cierto tiempo se produce un salto de se tipo.
-¿Y usted ya está viendo ese salto?
-No, no. Sería prematuro decirlo. Estamos en lo que podrían ser los prolegómenos de una rebelión, pero siendo realista yo espero que eso se produzca en unos  diez años. Ojalá que para 2019, cuando se cumplan cien años de las ocho horas, pudiéramos ir a una huelga mundial por las cuatro horas.
-Pero son las corporaciones las que dominan al mundo porque ellas tienen el poder económico.
-Sí, así es. Sin embargo, hay una fuerza que puede enfrentarse a toda esa maquinaria de las corporaciones.
-Y cuál es esa fuerza?
-Es la fuerza del proletariado. El gran gigante dormido que podría cambiar la historia. Como se ha quedado dormido, se han olvidado de él muchísimas veces, incluso los izquierdistas lo niegan ahora, como Pedro negó a Cristo. Sin embargo, el proletariado no está enterrado, está dormido.
-¿Y cómo piensa despertarlo?
-Eso es lo difícil y a la vez lo más fácil. Solamente un vidrio opaco nos impide ver que al otro lado hay un mundo mejor. El asunto está en romper ese vidrio. Estamos en un pantano y, al otro lado del vidrio, hay un jardín. Además, ¿qué son las corporaciones cuando la gente deja de ir a trabajar? Porque no existe capital sino con el trabajo de la gente. El poder está en nosotros.
-Don Carlos, ¿qué piensa del comunismo de Cuba?¿cree que es el imaginado por Marx?
-No. desde el punto de vista marxista no se puede sostener que Cuba, Rusia o China sean el socialismo que quiso Marx. La propia teoría de este gran filósofo así lo demuestra. pero no voy a caer en el simplismo de decir que condeno a Cuba. Es un país que ha hecho una revolución dentro de las condiciones que pudo. Ese no es el socialismo, como tampoco lo fue lo que hubo en Rusia, eso fue una invención de Stalin. El socialismo es el reino de la libertad.
-Cuba está cerrada a la inversión, ¿cuál es su opinión sobre este punto?
-Siempre nos han vendido la idea de que las cosas se van a resolver atrayendo a inversión. Hay que dejar que venga la inversión con sus efectos benéfivos, dicen. Pero lo cierto es que la inversión es producto de la deslocalización. Es decir, lo que te pagan acá lo pagaban en Europa al triple, y cuando haya otro país más necesitado con el salario mucho menor, la inversión se irá, porque no faltará otro país que diga “yo lo hago por menos”. Entonces, eso degrada y humilla a la gente, todo para atraer la famos inversión. Y eso tiene que ser así, nos dicen.
-¿Haría caricaturas contra aquellos que comulgan con su pensamiento?
-Por qué no. Por ejemplo, si Susana Villarán llega a la alcaldía y comete errores, lo haría. Lo que me apena es que hay gente que me conoce y con quienes he coincidido en algunas cosas, y después de hacer caricaturas contra ellos se molestan.
Obtenido en: http://manifiestodelsigloxxi.blogspot.com/ 
Recopilación: Jesús Mojo López 

Neruda Escribe Póstumamente Sobre Mariátegui



Esta es una antología incompleta. So­bre Mariátegui seguirá cantando el mar. Lo echarán de menos nuestras praderas; nuestras desoladas planicies. El viento en las alturas superiores lo recuerda. Nues­tro pequeño hombre oscuro que crece a tumbos lo necesita porque él nos ayudó a darle nacimiento. El comenzó por darnos luz y conciencia.
Los poetas seguirán cantando su parti­da, sus obras, su cristalina contribución. Aquí sólo hay algunas hoces que levan­tan cantando el cereal que nos legara. Aquí silo hay algunas notas de quena, de lira, de guitarra, que lo llaman aún. El desde su ausencia acude, acude siempre. Porque está vivo. Resplandece detrás de las antiguas piedras peruanas, camina por vías y carreteras, sube por los andamios, continúa su pensamiento. En el juego de la vida y la muerte Mariátegui sacó —no por azar— la cara o la cruz de la vida. Otros, vociferantes, inauditos, son vivi­dores pero no vivientes. El, de sus propias, dolorosas células construyó tanto que lo que hacemos y haremos tiene en él sus cimientos. Fue un examinador que ense­ñaba, fue un maestro que metió las ma­nos en la tarea y en el hombre para amal­gamarlos y encaminarlos en la Historia. Por eso los poetas elevaron el, canto hasta su altura. Hasta su silenciosa pre­sencia, hasta su prestigiosa ausencia, has­ta su dimensión creciente.
Yo digo: maestro, hermano, te seguire­mos cantando, seguiremos llamándote. Así no estarán solos nuestros pueblos en su dura ascensión a la libertad y a la dig­nidad.

Escribe: Pablo Neruda.
Recopilación: Jesús Mojo López

Federico Engels: Luchador y Maestro del Proletariado



¡Que lumbrera intelectual se ha apagado!
¡Que gran corazón ha dejado de latir!  
N. Nekrásov

El 5 de agosto de 1895 falleció en Londres Federico Engels. Después de su amigo Carlos Marx (fallecido en 1883), Engels fue el más notable sabio y maestro del proletariado contemporáneo de todo el mundo civilizado. Desde que el destino relacionó a Carlos Marx con Federico Engels, la obra a la que ambos amigos consagraron su vida se convirtió en una obra común. Y así, para comprender lo que Federico Engels ha hecho por el proletariado, es necesario comprender claramente la importancia de la doctrina y actividad de Marx en pro del desarrollo del movimiento obrero contemporáneo. Marx y Engels fueron los primeros en demostrar que la clase obrera con sus reivindicaciones surge necesariamente del sistema económico actual, que, con la burguesía, crea inevitablemente y organiza al proletariado. Demostraron que la humanidad se verá liberada de las calamidades que la azotan no por los esfuerzos bien intencionados de algunas que otras nobles personalidades, sino por medio de la lucha de clase del proletariado organizado. Marx y Engels fueron los primeros en dejar sentado en sus obras científicas que el socialismo no es una invención de soñadores, sino la meta final y el resultado inevitable del desarrollo de las fuerzas productivas dentro de la sociedad contemporánea. Toda la historia escrita hasta ahora es la historia de la lucha de clases, la sucesión en el dominio y en las victorias de unas clases sociales sobre otras. Y esto ha de continuar hasta que no desaparezcan las bases de la lucha de clases y del dominio de clase: la propiedad privada y la producción social caótica. Los intereses del proletariado exigen que estas bases sean destruidas, por lo que la lucha de clase consciente de los obreros organizados debe ser dirigida contra ellas. Y toda lucha de clases es una lucha política.

Estos conceptos de Marx y Engels los ha hecho suyos en nuestros días todo el proletariado en lucha por su emancipación. Pero cuando los dos amigos, en la década de los 40, participaban en la literatura socialista y en los movimientos sociales de aquel tiempo, estos puntos de vista eran completamente nuevos. A la sazón había muchos hombres con talento y otros sin talento, muchos honrados y otros deshonestos, que, en el ardor de la lucha por la libertad política, en la lucha contra la autocracia de los monarcas, de la policía y del clero, no percibían el antagonismo existente entre los intereses de la burguesía y los del proletariado. Estos hombres ni siquiera admitían la idea de que los obreros actuasen como una fuerza social independiente. Por otra parte, ha habido muchos soñadores, algunas veces geniales, que creían que bastaba tan sólo convencer a los gobernantes y a las clases dominantes de la injusticia del régimen social existente para que resultara fácil implantar en el mundo la paz y el bienestar general. Soñaban con un socialismo que triunfara sin lucha. Finalmente, casi todos los socialistas de aquella época y, en general, los amigos de la clase obrera no veían en el proletariado más que una llaga y contemplaban con horror cómo, a la par que crecía la industria, crecía también esta llaga. Por eso todos ellos pensaban en el modo de detener el desarrollo de la industria y del proletariado, de parar "el carro de la historia". Contrariamente al temor general ante el desarrollo del proletariado, Marx y Engels cifraban todas sus esperanzas en el continuo crecimiento numérico de éste. Cuantos más proletarios haya tanto mayor será su fuerza como clase revolucionaria y tanto más próximo y posible será el socialismo. De expresar en pocas palabras los méritos de Marx y Engels ante la clase obrera, podría decirse que enseñaron a la clase obrera a tener conocimiento y conciencia de sí misma y sustituyeron los ensueños por la ciencia.
He aquí por qué el nombre y la vida de Engels deben ser conocidos de todo obrero; he aquí el motivo de que insertemos en nuestra recopilación, que, como todo lo que editamos, tiene por objeto despertar la conciencia de clase de los obreros rusos, un esbozo sobre la vida y la actividad de Federico Engels, uno de los dos grandes maestros del proletariado contemporáneo.
Engels nació en 1820, en la ciudad de Barmen, provincia renana del reino de Prusia. Su padre era fabricante. En 1838, Engels, por motivos familiares, se vio obligado, antes de terminar el liceo, a colocarse como dependiente en una casa de comercio de Bremen. Este trabajo no le impidió ocuparse de su capacitación científica y política. Siendo todavía alumno del liceo, Engels llegó a odiar la autocracia y la arbitrariedad de los funcionarios gubernamentales. El estudio de la filosofía le llevó aún más lejos. En aquella época, en la filosofía alemana predominaba la doctrina de Hegel, de la que Engels se hizo partidario. A pesar de que el propio Hegel era admirador del Estado autocrático prusiano, a cuyo servicio se hallaba en calidad de profesor de la Universidad de Berlín, la doctrina de Hegel era revolucionaria. La fe de Hegel en la razón humana y en los derechos de ésta y la tesis fundamental de la filosofía hegeliana, según la cual en el mundo transcurre un proceso constante de cambio y desarrollo, indujeron a los discípulos del profesor berlinés, que no querían resignarse a la realidad, a la idea de que también la lucha contra la realidad, la lucha contra la injusticia existente y el mal reinante tiene sus raíces en la ley universal del desarrollo perpetuo. Si todo el mundo se desarrolla, si unas instituciones sustituyen a otras, ¿por qué han de perdurar eternamente la autocracia del rey prusiano o del zar ruso, el enriquecimiento de una minoría insignificante a expensas de la enorme mayoría, el dominio de la burguesía sobre el pueblo?. La filosofía de Hegel hablaba del desarrollo del espíritu y de las ideas: era una filosofía idealista. Del desarrollo del espíritu deducía el desarrollo de la naturaleza, el del hombre y el de las relaciones entre los hombres, el de las relaciones sociales. Marx y Engels, conservando la idea de Hegel del perpetuo proceso de desarrollo  rechazaron su preconcebida concepción idealista del espíritu, vieron que no es el desarrollo del espíritu lo que explica el desarrollo de la naturaleza, sino, a la inversa, que el espíritu tiene su explicación en la naturaleza, en la materia... Contrariamente a Hegel y otros hegelianos, Marx y Engels eran materialistas. Enfocando el mundo y la humanidad desde el punto de vista materialista, vieron que, lo mismo que todos los fenómenos de la naturaleza tienen por base causas materiales, así también el desarrollo de la sociedad humana está condicionado por el desarrollo de las fuerzas materiales, las fuerzas productivas. Del desarrollo de las fuerzas productivas dependen las relaciones en que se colocan los hombres entre sí en el proceso de producción de los objetos indispensables para la satisfacción de las necesidades humanas. Y en dichas relaciones está la clave que permite explicar todos los fenómenos de la vida social, los anhelos del hombre, sus ideas y sus leyes. El desarrollo de las fuerzas productivas crea las relaciones sociales, que se basan en la propiedad privada; pero vemos ahora también cómo ese mismo desarrollo de las fuerzas productivas despoja de la propiedad a la mayoría de los hombres para concentrarla en manos de una insignificante minoría; destruye la propiedad, base del régimen social contemporáneo, y tiende al mismo fin que se han planteado los socialistas. Estos sólo deben comprender cuál es la fuerza social que por su situación en la sociedad contemporánea está interesada en la realización del socialismo e inculcar a esta fuerza la conciencia de sus intereses y de su misión histórica. Esta fuerza es el proletariado. Engels lo conoció en Inglaterra, en el centro de la industria inglesa, en Manchester, adonde se trasladó en 1842, como empleado de una firma comercial de la que su padre era uno de los accionistas. Allí Engels no se limitó a permanecer en la oficina de la fábrica, sino que anduvo por los barrios inmundos en los que se albergaban los obreros y comprobó con sus propios ojos la miseria y las calamidades que los azotaban. No conformándose con sus propias observaciones, Engels leyó todo lo que se había escrito hasta entonces sobre la situación de la clase obrera inglesa y estudió minuciosamente todos los documentos oficiales que estaban a su alcance. Como resultado de sus observaciones y estudios apareció en 1845 su libro La situación de la clase obrera en Inglaterra. Ya hemos señalado más arriba en qué consiste el mérito principal de Engels como autor de dicho libro. Es cierto que también con anterioridad a Engels fueron muchos los que describieron los padecimientos del proletariado e indicaron la necesidad de ayudar a éste. Pero Engels fue el primero en afirmar que el proletariado no sólo constituye una clase que sufre, sino que precisamente la miserable situación económica en que se encuentra le impulsa inconteniblemente hacia adelante y le obliga a luchar por su emancipación definitiva. Y el proletariado en lucha se ayudará a sí mismo. El movimiento político de la clase obrera llevará ineludiblemente a los trabajadores a la conciencia de que no les queda otra salida que el socialismo, Por otra parte, el socialismo tan sólo se transformará en una fuerza cuando se convierta en el objetivo de la lucha política de la clase obrera. Estas son las ideas fundamentales de la obra de Engels sobre la situación de la clase obrera en Inglaterra, ideas aceptadas ahora por todo el proletariado que piensa y lucha, pero que entonces eran completamente nuevas. Estas ideas fueron expuestas en un libro escrito con amenidad, lleno de los cuadros más auténticos y patéticos en los que se mostraban las calamidades del proletariado inglés. Era un libro que constituía una terrible acusación contra el capitalismo y la burguesía. La impresión que produjo fue muy grande. En todas partes comenzaron a citar la obra de Engels como el cuadro que mejor representaba la situación del proletariado contemporáneo. Y en efecto, ni antes de 1845 ni después apareció una descripción tan brillante y veraz de las calamidades sufridas por la clase obrera.
Engels se hizo socialista estando ya en Inglaterra. En la ciudad de Manchester se puso en contacto con los militantes del movimiento obrero inglés existente en aquel entonces y empezó a colaborar en las publicaciones socialistas inglesas. En 1844, al pasar por París de regreso a Alemania, conoció allí a Marx, con quien ya mantenía correspondencia. Estando en París, Marx bajo la influencia de los socialistas franceses y de la vida en Francia, también se hizo socialista. En la capital de Francia los dos amigos escribieron juntos su obra La sagrada familia. Esta obra, escrita en su mayor parte por Marx y que apareció un año antes de La situación de la clase obrera en Inglaterra, contiene las bases del socialismo revolucionario-materialista, cuyas ideas principales hemos expuesto más arriba. La sagrada familia es un nombre burlón dado a los filósofos hermanos Bauer y a sus secuaces. Estos señores predicaban una crítica que estaba por encima de toda realidad, por encima de los partidos y de la política, que negaba toda actuación práctica y sólo contemplaba "críticamente" el mundo circundante y los sucesos que ocurrían en él. Los señores Bauer calificaban desdeñosamente al proletariado de masa carente de sentido crítico. Marx y Engels se enfrentaron enérgicamente con esta tendencia absurda y nociva. En nombre de la verdadera personalidad humana, la del obrero pisoteado por las clases dominantes y por el Estado, Marx y Engels exigían no la contemplación, sino la lucha por un orden social mejor. Y veían, naturalmente, que la fuerza capaz de librar esta lucha, en la que estaba interesado, era el proletariado. Ya antes de la aparición de La sagrada familia, Engels había publicado en la revista Anales franco-alemanes, editada por Marx y Ruge, su Estudio crítico sobre la economía política en el que analizaba desde el punto de vista socialista los fenómenos básicos del régimen económico contemporáneo, como consecuencia inevitable de la dominación de la propiedad privada. Su relación con Engels contribuyó sin duda a que Marx se decidiera a ocuparse del estudio de la economía política, ciencia en la que sus obras produjeron toda una revolución.
Desde 1845 a 1847 Engels vivió en Bruselas y en París, alternando los estudios científicos con las actividades prácticas entre los obreros alemanes residentes en dichas ciudades. Allí Engels y Marx se relacionaron con una asociación clandestina alemana, la "Liga de los Comunistas", que les encargó que expusiesen los principios fundamentales del socialismo elaborado por ellos. Así surgió el famoso Manifiesto del Partido Comunista de Marx y Engels, que vio la luz en el año 1848. Este pequeño libro vale por tomos enteros: su espíritu da vida y movimiento, hasta hoy día, a todo el proletariado organizado y combatiente del mundo civilizado.
La revolución de 1848, que estalló primero en Francia y se extendió después a otros países de la Europa Occidental, permitió a Marx y Engels regresar a su patria. Allí, en la Prusia renana, asumieron la dirección de la Nueva Gaceta del Rhin, periódico democrático que aparecía en la ciudad de Colonia. Los dos amigos constituían el alma de todas las tendencias democráticas revolucionarias de la Prusia renana. Ellos defendieron hasta la última posibilidad los intereses del pueblo y de la libertad contra las fuerzas reaccionarias. Como es sabido, las fuerzas reaccionarias vencieron, la Nueva Gaceta del Rhin fue suspendida, y Marx, que mientras se hallaba en la emigración había sido privado de los derechos de súbdito prusiano, fue expulsado del país; en cuanto a Engels, después de participar en la insurrección armada del pueblo y combatir en tres batallas en pro de la libertad, huyó a Londres, a través de Suiza, una vez derrotados los insurgentes.
A Londres vino a establecerse también Marx. Engels no tardó en colocarse de nuevo en la misma casa de comercio de Manchester, de la que había sido empleado en la década del 40, y más tarde se hizo socio suyo. Hasta 1870, Engels vivió en Manchester y Marx en Londres, lo que no fue óbice para que siguieran en el más íntimo contacto espiritual, manteniendo correspondencia casi a diario. En esta correspondencia los dos amigos intercambiaron sus ideas y conocimientos, continuando la elaboración en común de la doctrina del socialismo científico. En 1870 Engels se trasladó a Londres y hasta 1883, año en que murió Marx, continuaron su vida intelectual conjunta, una vida llena de intensísimo trabajo. Su resultado fue, por parte de Marx, El Capital, la obra más grande sobre economía política de nuestro siglo, y, por parte de Engels, toda una serie de obras grandes y pequeñas. Marx trabajó en el análisis de los complejos fenómenos de la economía capitalista. Engels, en sus trabajos, escritos con un lenguaje muy ameno, muchas veces en forma de polémica, enfocó los problemas científicos más generales y los diversos fenómenos del pasado y del presente en el sentido de la concepción materialista de la historia y de la doctrina económica de Marx. De estos trabajos de Engels citaremos: la obra polémica contra Dühring (en ella el autor analiza los problemas más importantes de la filosofía de las ciencias naturales y de la sociología El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, Ludwig Feuerbach, un artículo sobre la política exterior del gobierno ruso , sus magníficos artículos sobre el problema de la vivienda y, finalmente, dos artículos, pequeños pero muy valiosos, Sobre el desarrollo económico de Rusia (Federico Engels sobre Rusia). Marx murió sin haber logrado dar definitivo remate a su grandiosa obra sobre el capital. Sin embargo, esta obra estaba terminada en borrador y Engels, después de la muerte de su amigo, emprendió la difícil tarea de redactar y editar los tomos segundo y tercero de El Capital. En 1885 editó el segundo y en 1894 el tercer tomo (el cuarto tomo ya no alcanzó a redactarlo). Estos dos tomos le exigieron muchísimo trabajo. El socialdemócrata austriaco Adler observó con razón que, con la edición del segundo y tercer tomos de El Capital, Engels erigió a su genial amigo un monumento majestuoso en el que, involuntariamente, había grabado también con trazos indelebles su propio nombre. En efecto, dichos tomos de El Capital son obra de ambos, de Marx y de Engels.
Las leyendas de la antigüedad nos demuestran diversos ejemplos de emocionante amistad. El proletariado europeo tiene derecho a decir que su ciencia fue creada por dos sabios y luchadores cuyas relaciones mutuas superan a todas las emocionantes leyendas antiguas sobre la amistad entre los hombres. Engels siempre, y en general con toda justicia, se posponía a Marx. "Al lado de Marx —escribió en una ocasión a un viejo amigo suyo— me correspondió el papel de segundo violín". Su cariño hacia Marx mientras éste vivió y su veneración a la memoria del amigo muerto fueron infinitos. Engels, el luchador austero y pensador profundo, era hombre de una gran ternura.
Después del movimiento de 1848-49, Marx y Engels, en el exilio, no se dedicaron únicamente a la labor científica. Marx creó en 1864 la AIT (Asociación Internacional de los Trabajadores), que dirigió durante todo un decenio. También Engels participó activamente en sus tareas. La actividad de esta "Asociación Internacional" que, de acuerdo con las ideas de Marx, unía a los proletarios de todos los países, tuvo una enorme importancia para el desarrollo del movimiento obrero. Pero, incluso después de haber sido disuelta dicha asociación, en la década del 70, el papel de Marx y de Engels como unificadores de la clase obrera no cesó. Por el contrario, puede afirmarse que su importancia como dirigentes espirituales del movimiento obrero seguía creciendo constantemente, porque el propio movimiento continuaba desarrollándose sin cesar. Después de la muerte de Marx, Engels, solo, siguió siendo el consejero dirigente de los socialistas europeos. A él acudían en busca de consejos y directrices tanto los socialistas alemanes, cuyas fuerzas, a pesar de las persecuciones gubernamentales iban constante y rápidamente en aumento, como los representantes de países atrasados, por ejemplo, españoles, rumanos, rusos, que se verían en el trance de meditar y medir con toda cautela sus primeros pasos. Todos ellos aprovechaban el riquísimo tesoro de conocimientos y experiencias del viejo Engels.
Marx y Engels, que conocían la lengua rusa y leían libros en ruso, se interesaban vivamente por Rusia, seguían con simpatía el movimiento revolucionario de nuestro país y mantenían relaciones con revolucionarios rusos. Ambos eran ya demócratas antes de hacerse socialistas y tenían profundamente arraigado el sentimiento democrático de odio a la arbitrariedad política. Este sentimiento político innato, a la par que la profunda comprensión teórica del nexo existente entre la arbitrariedad política y la opresión económica, así como su riquísima experiencia de la vida, hicieron que Marx y Engels fueran extraordinariamente sensibles precisamente en el sentido político. Por lo mismo, la heroica lucha sostenida por un puñado de revolucionarios rusos contra el poderoso gobierno zarista halló en el corazón de estos dos revolucionarios probados la simpatía más viva. Y a la inversa, era natural que el intento de volver la espalda a la tarea inmediata y más importante de los socialistas rusos —la conquista de la libertad política—, en aras de supuestas ventajas económicas, les parecía sospechoso e incluso fuese considerado por ellos como una traición a la gran causa de la revolución social. "La emancipación del proletariado debe ser obra del proletariado mismo"nos enseñaron siempre Marx y Engels. Y para luchar por su emancipación económica, el proletariado debe conquistar ciertos derechos políticos. Además, Marx y Engels vieron con toda claridad que la revolución política en Rusia tendría también una enorme importancia para el movimiento obrero de la Europa Occidental. La Rusia autocrática ha sido siempre el baluarte de toda la reacción europea. La situación internacional extraordinariamente ventajosa en que colocó a Rusia la guerra de 1870, que sembró por largo tiempo la discordia entre Alemania y Francia, naturalmente, no hizo más que aumentar la importancia de la Rusia autocrática como fuerza reaccionaria. Unicamente una Rusia libre, que no tuviese necesidad de oprimir a los polacos, finlandeses, alemanes, armenios y otros pueblos pequeños, ni de azuzar continuamente una contra otra a Francia y Alemania, daría a la Europa contemporánea la posibilidad de respirar aliviada del peso de las guerras, debilitaría a todos los elementos reaccionarios de Europa y aumentaría las fuerzas de la clase obrera europea. Por lo mismo, Engels, teniendo también en cuenta los intereses del movimiento obrero del Occidente, abogó calurosamente por la implantación de la libertad política en Rusia. Los revolucionarios rusos han perdido en su persona al mejor de sus amigos.
¡Memoria eterna a Federico Engels, gran luchador y maestro del proletariado!


Escribe: V.I. Lenin   

Recopilación: Jesús Mojo López

Carlos Marx: El Padre del Socialismo Cientifico


Carlos Marx nació el 5 de mayo (según el nuevo calendario) de 1818 en Tréveris (ciudad de la Prusia renana). Su padre era un abogado judío, convertido en 1824 al protestantismo. La familia de Marx era una familia acomodada, culta, pero no revolucionaria. Después de terminar en Tréveris sus estudios de bachillerato, Marx se inscribió en la universidad, primero en la de Bonn y luego en la de Berlín, estudiando jurisprudencia y, sobre todo, historia y filosofía. En 1841 terminó sus estudios universitarios, presentando una tesis sobre la filosofía de Epicuro. Por sus concepciones, Marx era entonces todavía un idealista hegeliano. En Berlín se adhirió al círculo de los "hegelianos de izquierda" (Bruno Bauer y otros), que se esforzaban por extraer de la filosofía de Hegel conclusiones ateas y revolucionarias.
Terminados sus estudios universitarios, Marx se trasladó a Bonn con la intención de hacerse profesor. Pero la política reaccionaria del gobierno, que en 1832 había despojado de su cátedra a Ludwig Feuerbach, que en 1836 le había negado nuevamente la entrada en la universidad y que en 1841 privó al joven profesor Bruno Bauer del derecho a enseñar en Bonn, obligó a Marx a renunciar a la carrera docente. En aquella época, las ideas de los hegelianos de izquierda progresaban rápidamente en Alemania. Ludwig Feuerbach, sobre todo desde 1836, comenzó a someter a crítica la teología y a orientarse hacia el materialismo, que en 1841 (La esencia del cristianismo ) se impone ya definitivamente en su pensamiento; en 1843 ven la luz sus Principios de la filosofía del porvenir. "Hay que haber vivido la influencia liberadora" de estos libros, escribía Engels años más tarde refiriéndose a esas obras de Feuerbach. "Nosotros [es decir, los hegelianos de izquierda, entre ellos Marx] nos hicimos en el acto feuerbachianos." Por aquel tiempo, los burgueses radicales renanos, que tenían ciertos puntos de contacto con los hegelianos de izquierda, fundaron en Colonia un periódico de oposición, la Gaceta del Rin (cuyo primer número salió el 1 de enero de 1842). Marx y Bruno Bauer fueron invitados como principales colaboradores; en octubre de 1842 Marx fue nombrado redactor jefe del periódico y se trasladó de Bonn a Colonia. La tendencia democrática revolucionaria del periódico fue acentuándose bajo la jefatura de redacción de Marx, y el gobierno lo sometió primero a una doble censura y luego a una triple, hasta que decidió más tarde suprimirlo totalmente a partir del 1 de enero de 1843. Marx se vio obligado a abandonar su puesto de redactor jefe en esa fecha, sin que su salida lograse tampoco salvar al periódico, que fue clausurado en marzo de 1843. Entre los artículos más importantes publicados por Marx en la Gaceta del Rin, Engels menciona, además de los que citamos más adelante (véase la Bibliografía ) el que se refiere a la situación de los campesinos viticultores del valle del Mosela. Como su labor periodística le había demostrado que conocía insuficientemente la economía política, Marx se dedicó afanosamente al estudio de esta ciencia.
En 1843, Marx se casó en Kreuznach con Jenny von Westphalen, amiga suya de la infancia, con la que se había comprometido cuando todavía era estudiante. Su esposa pertenecía a una reaccionaria familia aristocrática de Prusia. Su hermano mayor fue ministro del Interior en Prusia durante una de las épocas más reaccionarias, desde 1850 hasta 1858. En el otoño de 1843 Marx se trasladó a París con objeto de editar en el extranjero una revista de tendencia radical en colaboración con Arnold Ruge (1802-1880; hegeliano de izquierda, encarcelado de 1825 a 1830, emigrado desde 1848, y partidario de Bismarck entre 1866 y 1870). De esta revista, titulada Anales franco-alemanes, sólo llegó a ver la luz el primer fascículo. Las dificultades con que tropezaba la difusión clandestina de la revista en Alemania y las discrepancias surgidas entre Marx y Ruge hicieron que se suspendiera su publicación. En los artículos de Marx en los Anales vemos ya al revolucionario que proclama la necesidad de una "crítica implacable de todo lo existente", y, en particular, de una "crítica de las armas" que apele a las masas y al proletariado.
En septiembre de 1844 llegó a París, por unos días, Federico Engels, quien se convirtió, desde ese momento, en el amigo más íntimo de Marx. Ambos tomaron conjuntamente parte activísima en la vida, febril por entonces, de los grupos revolucionarios de París (especial importancia revestía la doctrina de Proudhon, a la que Marx ajustó cuentas resueltamente en su obra Miseria de la filosofía, publicada en 1847) y, en lucha enérgica contra las diversas doctrinas del socialismo pequeñoburgués, forjaron la teoría y la táctica del socialismo proletario revolucionario, o comunismo (marxismo). Véanse, más adelante, en la Bibliografía, las obras de Marx de esta época, años de 1844 a 1848. En 1845, a instancias del gobierno prusiano, Marx fue expulsado de París como revolucionario peligroso, instalándose entonces en Bruselas. En la primavera de 1847, Marx y Engels se afiliaron a una sociedad secreta de propaganda, la Liga de los Comunistas, tuvieron una participación destacada en el II Congreso de esta organización (celebra do en Londres en noviembre de 1847) y por encargo del Congre so redactaron el famoso Manifiesto del Partido Comunista que apareció en febrero de 1848. En esta obra se traza, con claridad y brillantez geniales, una nueva concepción del mundo: el materialismo consecuente, aplicado también al campo de la vida social; la dialéctica como la doctrina más completa y profunda del desarrollo; la teoría de la lucha de clases y de la histórica misión revolucionaria universal del proletariado como creador de una nueva sociedad, la sociedad comunista.
Al estallar la revolución de febrero de 1848, Marx fue expulsado de Bélgica. Se trasladó nuevamente a París, y desde allí, después de la revolución de marzo, marchó a Alemania, más precisamente, a Colonia. Desde el 1 de junio de 1848 hasta el 19 de mayo de 1849, se publicó en esta ciudad la Nueva Gaceta del Rin, de la que Marx era el redactor jefe. El curso de los acontecimientos revolucionarios de 1848 a 1849 vino a confirmar de manera brillante la nueva teoría, como habrían de confirmarla en lo sucesivo los movimientos proletarios y democráticos de todos los países del mundo. La contrarrevolución triunfante hizo que Marx compareciera, primero, ante los tribunales (siendo absuelto el g de febrero de 1849) y después lo expulsó de Alemania (el 16 de mayo de 1849). Marx se dirigió a París, de donde fue expulsado también después de la manifestación del 13 de junio de 1849; entonces marchó a Londres, donde pasó el resto de su vida.
Las condiciones de vida en la emigración eran en extremo duras, como lo revela con toda claridad la correspondencia entre Marx y Engels (editada en 1913). La miseria asfixiaba realmente a Marx y a su familia; de no haber sido por la constante y abnegada ayuda económica de Engels, Marx no sólo no hubiera podido acabar El Capital, sino que habría sucumbido inevitablemente bajo el peso de la miseria. Además, las doctrinas y tendencias del socialismo pequeñoburgués, no proletario en general, que predominaban en aquella época, obligaban a Marx a librar constantemente una lucha implacable, y a veces a repeler (como hace en su obra Herr Vogt los ataques personales más rabiosos y salvajes. Manteniéndose al margen de los círculos de emigrados y concentrando sus esfuerzos en el estudio de la economía política, Marx desarrolló su teoría materialista en una serie de trabajos históricos (véase la Bibliografía ). Con sus obras Contribución a la crítica de la economía política (1859) y El Capital (t. I, 1867), Marx provocó una verdadera revolución en la ciencia económica.
El recrudecimiento de los movimientos democráticos, a fines de la década del 50 y durante la del 60, llevó de nuevo a Marx a la actividad práctica. El 28 de septiembre de 1864 se fundó en Londres la famosa Primera Internacional, la "Asociación Internacional de los Trabajadores". Marx fue el alma de esta organización, el autor de su primer "Llamamiento" y de gran número de sus resoluciones, declaraciones y manifiestos. Unificando el movimiento obrero de los diferentes países, orientando por el cauce de una actuación conjunta a las diver sas formas del socialismo no proletario, premarxista (Mazzini, Proudhon, Bakunin, el tradeunionismo liberal inglés, las vacilaciones derechistas lassalleanas en Alemania, etc.), a la par que combatía las teorías de todas estas sectas y escuelas, Marx fue forjando la táctica común de la lucha proletaria de la clase obrera en los distintos países. Después de la caída de la Comuna de París en 1871, que Marx analizó (en La guerra civil en Francia, 1871) de modo tan profundo, certero, brillante y eficaz, como revolucionario -- y a raíz de la escisión de la In ternacional provocada por los bakuninistas --, esta última ya no pudo seguir existiendo en Europa. Después del Congreso de La Haya (1872), Marx consiguió que el Consejo General de la Internacional se trasladase a Nueva York. La primera Internacional había cumplido su misión histórica y dejaba paso a una época de desarrollo incomparablemente más amplio del movimiento obrero en todos los países del mundo, época en que este movimiento había de desplegarse en extensión, con la creación de partidos obreros socialistas de masas dentro de cada Estado nacional.
Su intensa labor en la Internacional y sus actividades teóricas, aún más intensas, minaron definitivamente la salud de Marx. Prosiguió su obra de relaboración de la economía política y se consagró a terminar El Capital, recopilando con este fin multitud de nuevos documentos y poniéndose a estudiar varios idiomas (entre ellos el ruso), pero la enfermedad le impidió concluir El Capital.
El 2 de diciembre de 1881 murió su esposa, y el 14 de marzo de 1883 Marx se quedó dormido apaciblemente para siempre en su sillón. Está enterrado, junto a su mujer, en el cementerio londinense de Highgate. Varios hijos de Marx murieron en la infancia en Londres, cuando la familia vivía en la miseria. Tres de sus hijas se casaron con socialistas de Inglaterra y Francia: Eleonora Eveling, Laura Lafargue y Jenny Longuet. Un hijo de esta última es miembro del Partido Socialista Francés.

Escribe: V. I. Lenin
Recopilación: Jesús Mojo López

 

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