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El Indigenismo es Reaccionario


Escribe: Juan Claudio Lechin 
Para los indigenistas, los indios no deben ser libres. Deben ser solo indios y, además, parecerlo. Deben permanentemente recrear su pasado, vivir en comunidad, obedecer al jefe tradicional, aceptar la justicia comunitaria, y las mujeres y los niños: ¡a callar! Deben ser una eterna artesanía. Los indigenistas halagan a los indios diciéndoles que son superiores y puros, por imitarse sin cesar, por no devenir, por no crear y, claro, ese poder académico global convence. En retorno validan su prestigio académico. Hoy es una de las ideologías más respetadas a pesar de su crueldad con rostro de bondad.
Los protagonistas de esta colonización moderna son, sobre todo, antropólogos y políticos antisistémicos. Sin cesar, les roban la voz a los indios dizque para representarlos en los foros internacionales. Lo mismo hicieron De las Casas y el pensamiento católico español del siglo XVI: los interpretaban con mentalidad europea, les robaban su voz para representarlos, les permitían regirse por la justicia indígena y por sus autoridades ancestrales; pero la diferencia es que entonces fue un hecho revolucionario. El mundo indígena estaba derrotado militarmente, pero este empeñoso proceso de reconocimiento del diferente y de la complejidad cultural de sus sociedades logró que la corona diera títulos y tierras a sus élites y derechos (obviamente feudales) al pueblo indio. Los curas, en adición, les dieron la alta calidad agustiniana de “pueblo de Dios”. Este “indigenismo católico” fue el precursor de los derechos humanos franceses. Pero cinco siglos más tarde es absolutamente reaccionario impulsar el paternalismo, la quietud histórica, la sumisión de la mujer y la suplantación de su voz simplemente porque, actualmente, la lucha de los pueblos oprimidos es la ciudadanía, la libertad, los derechos individuales y de género. Por eso, los indios migran masivamente buscando la modernidad.
Ahora, si un indio ciudadano, con sus derechos intactos, elige vivir en ayllu, es un acto de libertad, pero si lo hace porque no tiene otra alternativa o los antropólogos lo han convencido para validar su ficción o para ser ‘masa’ de un caudillo mesiánico, además de reaccionario es cruel, y debe ser denunciado y combatido ideológicamente. 
Fuente: http://peru21.pe/opinion/indigenismo-reaccionario-2210706

Perú: Una patria olvidada en el carril de la historia


Escribe: Jesús Mojo López[1]

Vivo en un país fracturado por sus enormes abismos sociales, una patria que tiene su historia manchada de sangre militarista, triste y harapienta. Se acerca a sus  dos siglos como república y nada parece haber cambiado.  La guerra del pacifico parece haber hundido nuestro orgullo nacional, tenemos una pobre autoestima socavada y un peligroso ánimo revanchista. Nuestra patria olvidada es una enorme paradoja, hay paz sin justicia, muchas derrotas sin guerras, hay legalidad sin leyes legitimas; todo parece establecerse sobre una patria paria, sin historia que conozca su gente ni destino inequívoco en el horizonte.
Nuestra patria sin fondo se alimenta de falsos orgullos, orgullos inútiles que no nos sirven para trascender el tiempo ni la historia.
Somos el resultado de nuestra costumbre sumisa, nuestra historia fue historia de perdedores, porque el estigma es que los peruanos siempre perdimos; y esa historia es mutilada en la historia oficial, nos enseñaron que procedemos de un pasado prodigioso, cuando en realidad sobrevenimos de penurias, sangre, humillaciones y persecuciones. Procedemos de la dependencia económica, y fue así,  cuando las grandes economías caían o caen nosotros caemos en la peor de las podredumbres; jamás intentamos encontrar nuestra propia identidad como país, somos copia de lo que ya existe. A nadie le interesa nuestro modelo económico, político o social porque jamás fuimos originales; en los últimos tiempos no producimos ninguna idea original o al menos después de Mariátegui o Vallejo.
Vivimos de la realidad subalterna que producen las pantallas o las radios parametradas. Las noticias son mercancía que se vende, la información son datos a partir de los cuales uno piensa y saca su conclusión. Por tanto  somos fanáticos de la noticia más no de la información.
Alimentamos dentro un ambiente hostil por lo peruano y adoramos lo importado, como si ello aumentara  nuestra exaltación nacional. Es preciso ser sinceros para recomenzar un camino, y saber: pobre patria el Perú, tantas veces en el olvido colectivo, tantas veces negada. Uno es peruano por haber nacido en esta tierra, pero es relativo, porque uno pudo haber nacido en cualquier otro lugar y terminar siendo un extranjero en el Perú.
Pero recomencemos.
Garcilaso nos enseñó que nuestra historia incaica es mágica y portentosa, pero al cabo terminamos gritando ¡Indio! a los descendientes de tan brillante organización social. Bartolomé de las Casas, nos mostró que los naturales no eran animales salvajes, sino más bien los genocidas eran los sobrenaturales (españoles) que dirigieron la aventura más sanguinaria de la historia registrada.
Con San Martin y Bolívar aprendimos que podemos vivir sin ataduras, con Ramón Castilla aprendimos que podemos construir una patria que establezca su economía independientemente. En la guerra del pacifico aprendimos a no meternos en líos ajenos y perdimos un gran espacio geográfico que hasta hoy lamentamos, con la republica aristocrática aprendimos que los habitantes de los andes era poco menos que peruanos que vivían alquilados en un extraño país.
Las dictaduras militares nos enseñaron que los peruanos necesitábamos mano dura, pero terminamos creando opulencia en algunos y excluyendo a millones de gentes. Los inicios del siglo XX fue la época de las luces en el pensamiento y aprendimos que tenemos que pensar nuestra realidad desde dentro para podernos reconocernos a nosotros mismos y no ser calco ni copia de la vieja Europa o cualquier otro lugar que miramos con admiración.
Con Mariátegui intentamos redescubrirnos y entender nuestro devenir histórico y con Haya pretendimos adecuar una constitución a nuestra realidad y terminamos alentando más la enfermedad en la que ya estuvimos. Con la funesta aparición de Sendero Luminoso nos dimos cuenta de que vivíamos en un país fracturado con enormes abismo sociales, y que  todavía seguíamos siendo un país que olvidaba a sus ciudadanos y los condenaba a morirse en la cima de los andes.
La pregunta ¿En qué momento se había jodido el Perú? de Vargas Llosa en su novela conversación en la catedral movió nuestra ya putrefacta conciencia nacional y volvimos a hurgar nuestra historia. Debió se en algún momento, a lo mejor en 1532.
La ilegitima constitución de 1993 nos enseñó que es el poder económico y los poderes facticos los que mandan en esta patria sin destino, con Fujimori aprendimos que vivíamos de espaldas al Estado y que nuestra erario nacional era acechada por una insólita corrupción.
Hoy aprendemos que ni la izquierda ni la derecha es la salvación para nuestra patria. Así estamos, haciendo historia sin mayor cavilación, siendo pragmáticos en una patria que requiere constantemente volverse a redescubrir.
Nuestra historia es la de siempre, es la historia de los países latinoamericanos, es la historia de los olvidados, es la historia de la corrupción, es la historia política la que escribe nuestras páginas.  Volveremos.  
    
        



[1] Miembro de Consejo Universitario-UNA. 

¿Indulto a Fujimori?


Fuente: http://www.grupoblogperu.com/2011/01/kenyi-fujimori-trabajara-para-liberar.html

Escribe: Jesús Mojo López

Pues. ¿Qué puede esperarse de una sociedad ensoñada y perversa consigo misma? ¿Qué puede esperarse de una sociedad que olvida su propia historia? ¿Qué puede uno esperar de una sociedad dominada por las emociones y la inmundicia –hasta el vomito- de los medios de comunicación? Absolutamente nada. ¿Qué puede producir una sociedad que olvida los libros, y en donde el referente intelectual es  la basura mediática? Nada. Solo aberraciones y estupideces históricas; propias de algunas páginas de la historia dedicadas a las más grandes ridiculeces creadas por un conjunto humano. 
Indultar a Fujimori simboliza que los peruanos no leemos ni los diarios que ofrecen información con un verbo cavernario, o algunos diarios que manejan muy bien lo emotivo socialmente, ni mucho menos aprendemos nuestra historia con nuestra propia existencia. La historia misma nos enseña que nos gusta vivir engañados y nos gusta las crisis, y nos gusta también recibir noticias manipuladas mas no información en todo el sentido literal. Fujimori y sus medios de comunicación de entonces nos vendieron lo peor que puede concebirse en la televisión, pero también nos vendió los diarios «Chicha», que fueron un insulto al considerable intelecto peruano. Fue desde que se concibió este negocio brutal y amnésico entre estado y sociedad, que muchos peruanos, sobre todo de las zonas rurales empobrecidas, empezaron a creer en un Fujimori salvador y trabajador, en un Fujimori que les llevaba carreteras, puentes, maquinarias, pero sin saber que toda esta orquesta mediática era el producto de la venta de las empresas netamente peruanas, y sin saber también que tras toda esa fachada había un arsenal aun mas asesino que era la enorme corrupción enquistada hasta la ultima célula fujimorista. 
¿Cómo puede concebirse siquiera la idea de un indulto a Fujimori? Esto no puede ser siquiera el sueño lejano de una sociedad autosuicida.  Ello solo puede demostrar que nos gusta ser vasallos,  esclavos de un régimen, cautivos y tiranizados por los medios de comunicación, ello solo puede demostrar también que somos un cuartel sicodélico de ciudadanos en busca de un líder aun mas asesino, brutal y frígido.
El fujimorismo es solo muestra de un país descerebrado, un país sin alma y sin dignidad, un país sin recuerdo, un país al que le gusta ser lastimado.  El fujimorismo es el ejemplo de un país sin honor, que tras ellos hay una nación titereteada a merced de la conciencia.
Hablar de Fujimori es hablar de un Perú delincuencial, es hablar de una mafia organizada por el SIN, Fujimori me recuerda a un jefe nacional que organiza todos los atracos a estudiantes consientes que piensan, un ejemplo es la cantuta. Hablar de Fujimori es ver videos donde la conciencia no vale nada sino el dinero, hablar de Fujimori me recuerda que los derechos laborales fueron pisoteados como un escupitajo, Fujimori también me recuerda a un supuesto demócrata que se dio un autogolpe para cerrar un congreso hablando a los cuatro vientos que era demócrata,  hablar de un Fujimori es hablar de un hombre sin moral, saliéndose del país en un avión presidencial repleta de maletas, cargando pruebas y dinero robado en un régimen brutal, asesino y corrupto. Pensar que el fujimorismo siga sobreviviente es muestra de que estamos en un país moralmente destruido y sin futuro, y pensar que el fujimorismo siga vigente es pensar que estamos condenados a repetir una historia que no queremos. Hablar de Fujimori es querer un poco menos al país en que nací.  
   
NOTA: Este escrito es provisional, escrito en 10 minutos.

El Retroceso de la Juventud Rural y Urbana en Latinoamerica


Escribe: Jesús Mojo López

Sucede que la juventud no es ya la panacea que los países latinoamericanos buscaban en cada uno de los jóvenes para lograr el desarrollo social, sino más bien muchas veces es el grupo social que más gérmenes de violencia, desorden, drogadicción, violaciones ha generado en la sociedad, provocando de tal modo retroceso y subdesarrollo.
La juventud urbana y la juventud rural tienen todavía  hasta hoy pocos lazos de vinculación en Latinoamérica, su articulación ha sido más bien recelosa y aislada, provocando de tal modo que cada cual interprete sus propios problemas. La universidad ha pretendido ser el punto de encuentro y articulación para ambas clases de distintas realidades, pero el avance hacia su perfecta mezcolanza  ha sido un camino sinuosos en el que se han visto desprecio por lo rural, hastío por lo urbano.  Lo urbano y lo rural son distintas realidades geográficas, literalmente opuestas; y es desde esta perspectiva que vamos a pensar la realidad de la juventud latinoamericana. Pero también hay que pensar la juventud del futuro, como una sola gran masa logrando cada aspiración común.
Lo urbano y rural se complementan geográficamente, pero por su relación humana parecen ser realidades contrapuestas y, más aun cuando se trata de reflexionar sobre la  juventud de esa sociedad porque  parece haber un gran caudal que separa ambas orillas; el fin es en realidad la integración latinoamericana de la juventud, pero ello parece ser una perfecta utopía. No se puede pensar la juventud sin antes ver sus anhelos y frustraciones, pero dominantemente hay sobre todo en la juventud un aire fresco de desaliento y frustración.  Juventud con realidades distintas es el punto de partida de la unión de la juventud.
La juventud urbana es la juventud con más perspectivas y aun con más sueños y anhelos, y lógicamente es este grupo que mas rápidamente tiene acceso al campo laboral, pero su frustración no esta en lo laboral sino en sus perspectiva de llegar mas allá de lo imaginado, ya que sus verdaderos grandes sueños parecen ser un día solo una quimera inalcanzable. La juventud urbana fue y será siempre el sector que más rápido alcance a dominar las nuevas tecnologías, ya que ella ha ayudado a revolucionar las condiciones sociales en que viven, pero sobre todo esta juventud ha tenido un rápido acceso a la información y mediante ello al conocimiento, esto es concordante sobre todo para la juventud inmiscuida en el campo de las humanidades en el que solo se necesita leer más cada día; los libros hoy están al alcance de las manos ya que el internet ha expandido la biblioteca física limitativa inaccesible muchas veces, a una biblioteca virtual mundial accesible a todos sin excepción . Pero por el otro lado la juventud de las ciencias sufre el reducido campo de las ciudades, y en esa línea  Volski había dicho que: “La juventud que alberga las ciudades y quiera realizar investigación experimental esta condenada a no realizar sus sueños, porque en ella no encuentra el suficiente espacio para el laboratorio de sus locuras” Hoy esta frase puede sonar descollante y perfectamente acertada a nuestra realidad, porque no se necesita ser erudito para ver el reducido espacio que la  juventud urbana posee para inventar e ingeniar nuevos modelos de prototipos que fueran mas accesibles y solucionar algunos problemas  a la región en que viven. Tal vez el conocimiento teórico sea desbordante, pero si no se tiene un espacio cómodo para experimentar esa teoría se esta condenada a seguir en posición retrospectiva y por ende a seguir siendo países con bajo desarrollo tecnológico. En Latinoamérica nos hemos caracterizado por ser calcadores de tecnologías ajenas, ya que no hemos tenido la suficiente capacidad para inventar nuevas tecnologías, si bien hemos hecho mejoras, variaciones y adecuaciones  a las tecnologías ya concebidas en Europa o Norteamérica, estas apenas han sido un vislumbre que la realidad misma nos ha empujado a adecuarlas. Podemos afirmar que la tecnología en Latinoamérica no tiene poco futuro, a excepción del algún país. La universidad para la juventud urbana, ha sido solo un transito para la formación profesional o solo un mero hecho que ha impulsado la superación, en cambio no ha sido el germen que ha llevado a revolucionar su forma de pensar, decir y hacer en su sociedad.  
La juventud rural fue siempre el sector preocupante de la sociedad, sin perspectivas y sin anhelos han sido la clase desocupada que ha causado malestar en el espacio social urbano. Los jóvenes latinoamericanos de las zonas rurales comúnmente han migrado a los centros urbanos concentrados, con el anhelo de lograr una vida mejor y pocos lo lograron sin duda. Al terminar la secundaria, es para ellos el momento decisivo del futuro que tendrán, la mejor alternativa ha sido siempre migrar a las fabricas de las ciudades, a las minas o a cualquier otro trabajo pesado en el que ganan mucho mejor a veces que los jóvenes de la zona urbana. Sin proyectos de por medio la juventud rural ha sido la fuerza de trabajo que ha impulsado la industria, pero su trabajo nunca ha sido pensado sino solamente físico, pero también humanamente ellos fueron la pieza fundamental de la sobrevivencia de las ciudades, la producción de las fabricas fue siempre hecha por gente que trabajaba directamente la tierra, manipulaba las maquinas o ejercía un trabajo directo con la materia productora de bienes y servicios.
Muchos jóvenes de las zonas rurales se quedaron labrando la tierra, produciendo alimentos para las urbes, de modo que  su perspectiva quedaba trunca y se quedan de por vida produciendo el alimento necesario para vender a los habitantes de las grandes urbes.  Pero hay que advertir algunas constantes, y es que los supuestos expuestos siguen siendo una realidad de los países de Latinoamérica, siendo solo algunos puntos los que han sido superados en cierto grado.
De los jóvenes provenientes de las zonas rurales, solo un mínimo o ínfimo grupo lucho o lucha todavía por alcanzar un cupo en las universidades del estado, debido a que  no hay mayor motivación en ellos para lograr los estudios superiores, quizá una de las causales de su no aspiración sea la mísera economía familiar que  todavía sigue siendo una gran limitante, en esa línea la universidad parece ser todavía la utopía de muchos jóvenes de la zona rural. Quizá otro de los sustentos es que en la familia no hay ninguno que tenga estudios superiores, y el estudiar pareciera ser subjetivamente todavía un gran tabú o una rareza que no cabe en la realidad comunal. Es tiempo de romper las barreras entre el campo y la ciudad, debido a que vivimos un mundo más interconectado en que todos tenemos acceso a todo; las costumbres han sido también muchas veces en cierto grado una leve limitante, pero que con el transcurrir de los años se va desvaneciendo. Otras de las limitantes ha sido y seguirá siendo por algún tiempo el idioma en el que se enseña en las universidades, muchos jóvenes no aprendieron a hablar muy bien el idioma de los conquistadores, y la vergüenza puede mas que el deseo de superación, en Latinoamérica no existe ninguna universidad autóctona exclusiva para los jóvenes de lenguas ajenas a la oficial. 
Las realidades rurales son distintas, pero la juventud rural y sus defectos son casi relativos y constantes, sus problemas con semejantes y sus posibilidades son mínimas.  El estado aplasta con sus balas a la juventud rural, sobre todo cuando estos marchan agitando banderas o desestabilizando al gobierno, todos los intentos por reivindicar los derechos aplastados a la juventud rural son mal vistos por los dueños del poder estatal, y eso lleva a una profunda violencia social.       
Latinoamérica es la parte del mundo en el que la juventud esta siempre descontenta con lo que es y con lo que será en el futuro. Sin duda hay un largo camino por recorrer para que esta realidad cambie. La juventud rural y urbana parecen compartir los mismo problemas, pero la integración de ellos ha sido el dilema de su jamás solución, las realidades pueden ser distintas, pero el horizonte al cual llegar son las mismas. Hay que destruir los tabúes y las fronteras, es momentos de unir a  la juventud, porque ya no hay juventud por diferencias geográficas como muchos todavía pretender mantener en la ignorancia de sus conocimientos, solo hay una sola juventud construyendo un mismo futuro. 

Nelson Mandela: La voz del espíritu inquebrantable

En junio de 1964; Nelson Mandela el líder político más importante del siglo XX, desembarco en la solitaria isla de Robben Island, rodeada por las aguas del atlántico; condenado a trabajos forzados después de ser condenado a cadena perpetua; aquella isla de dolor y reconciliación para el pueblo Sudafricano, llevaba en ese entonces mas tres siglos de horror, de muerte, de trabajos inhumanos en las canteras de sal. Los dominios de la isla fueron utilizados como leprosorio, manicomio y cárcel para delincuentes comunes. Era una cárcel por demás segura, por que el preso que intentaba escapar lo hacia nadando las frígidas aguas, en donde en su intento de obtener la libertad eran devorados por tiburones o por las corrientes que circundan sus limites. Pero en realidad nunca nadie logro escapar. Cuando se estableció la Unión Sudafricana, el gobierno blanco de ese entonces, dejo de enviar a Robben Island a los locos y leprosos; desde ese entonces se convirtió en una prisión de máxima seguridad para rebeldes políticos.
Años antes de que mandela ingresara a Robben Island, el gobierno blanco que se alzo con la victoria electoral en 1948 a través del partido nacional de Hendrik Verwoerd, y que en ese mismo año impuso el régimen del apartheid, e donde los negros no tenían derechos, no podían tener propiedades, no podían votar, y lo peor de todo, no se podían juntar con los blancos; tenia mezclado a presos comunes y políticos, a fin de que aquellos atormentaran a estos últimos. Esa política cesó cuando las autoridades carcelarias advirtieron que la cohabitación entre políticos y hombres comunes permitía el adoctrinamiento de muchos ladrones, asesinos o vagos; que, de pronto pasaban a secundar a una de las dos principales fuerzas de resistencia: el congreso nacional africano (ANC) y el congreso Panafricano (PAC). El apartheid decía además que los blancos y los negros tenían hospitales separados, escuelas separadas, educación diferente, y hasta parques y transportes diferentes.
Cuando Mandela llegó a Robben Island; los dirigentes considerados de alta peligrosidad, como era su caso, iban a la llamada Sección B, donde la vigilancia era más estricta y a los múltiples padecimientos se añadía el de vivir casi en permanente soledad. Su celda, la número cinco, que ocupó durante los dieciocho años que estuvo en la isla (de los veintisiete que pasó en prisión) tiene dos metros por dos metros treinta, y tres de altura: la celda parece un nicho para animales y mucho menos que eso, el cubil de una fiera, antes que un aposento humano. Las gruesas paredes de cemento aseguran que sea un horno en verano y una heladera en invierno. Por la única ventanita enrejada se divisa un patio cercado por una muralla en la que, en los tiempos de Mandela, se paseaban guardias armados. Éstos eran todos blancos y, la inmensa mayoría, afrikaans, así como los penados de Robben Island eran todos negros. Los presos de raza blanca tenían cárceles separadas, y lo mismo los mestizos de origen indio o asiático, llamados Coloured por el sistema. Ahí paso una buena parte de su vida, encerrado injustamente por defender el derecho de los negros, mientras el mundo entero protestaba por su libertad; pero las prisión en vez de quebrantar sus ideas políticas, las maduro de una forma imprescindible.
El apartheid era algo mucho más profundo que una simple segregación racial. Dictaminaba una compleja escala en el grado de humanidad de las personas, en la que, a la raza blanca era la superior sobre otras razas, y el negro el mínimo, y los híbridos eran de coeficiente humano según los porcentajes de blancura que detentara el individuo en cuestión. Hoy nadie duda de que el apartheid, fue un acto inhumano que no solo humilla al hombre de color, sino a todos los hombres, por su forma ignominiosa de clasificar al hombre de acuerdo al grado de blancura de su piel.
El sistema carcelario sudafricano aplicado en Robben Island, aplicaba rigurosamente en 1964 la filosofía sanguinaria que Hendrik Verwoerd, un político intelectual de ese entonces; había defendido en su cátedra de sociología de la Universidad de Stellenbesh, antes de que en 1948, la mayoría del electorado blanco de Sudáfrica la hiciera suya. Este pensamiento trastornado por una especie de locura humana, determinaba un régimen diferente de alimento, vestido, trabajo bajo ardiente sol Africano y hasta castigos para el penado según la coloración de su piel. Así, en tanto que el mulato o el hindú tenían derecho a la Dieta D, que incluía pan, vegetales y café. Los negros, eran merecedores de la Dieta F que era de lo peor que un ser humano pueda recibir para saciar el hambre que siente, los negros estaban privados de esos tres ingredientes y debían sustentarse sólo con potajes de maíz. Un coloured recibía dos onzas y media de azúcar por día y un negro apenas dos. Los mestizos dormían sobre un colchón y los africanos en esteras de paja; aquéllos se abrigaban con tres frazadas; y éstos últimos con dos solamente.

Nelson Mandela, el hombre que lucho por una causa unánime, sin dejarse llevar nunca por el infortunio o por el pesimismo que cualquier hombre hubiera sentido al ser sometido a tan brutal régimen carcelario; aceptó sin protestar estas diferencias en lo que concernía a la alimentación y la cama, pero hubo algo de extraordinario en este hombre de un gran optimismo y un pensamiento inquebrantable; hizo saber a las autoridades carcelarias que no se pondría jamás los calzones cortos que el régimen prescribía para los presos de raza negra, el era de piel negra y estaba en la obligación de ponérselos; los calzones cortos eran el uniforme de los domésticos de piel negra en las casa de los blancos; esta disposición era claramente con el propósito de humillar la humanidad del hombre de color.
Para Nelson mandela, de nada valieron las amenazas, los ensañamientos, el aislamiento total y otros castigos feroces e inhumanos, como el cuadrado que consistía en permanecer inmóvil por muchas horas del día, encerrado dentro de un pequeño rectángulo, hasta perder el sentido. El cuadrado fue el castigo que mas suicidas provoco el desalmado régimen carcelario. Al final Nelson Mandela, logro un primer triunfo dentro de la prisión, gracias a su decidido emprendimiento de luchar por conquistar no solamente la libertad del hombre negro, sino la de luchar por la libertad de todos los hombres que no estamos exentos de muchos infortunios como el apartheid. Los presos políticos de Robben Island recibieron pantalones largos que hasta entonces eran exclusivamente utilizados por los blancos y los mestizos.
La jornada carcelaria comenzaba a las cinco y media de la mañana, el carcelado tenía derecho a salir de su celda por unos breves minutos solamente a vaciar el balde de excrementos acumulados y a asearse en un lavador común, la conversación entre presos estaba estrictamente prohibida; pero el ser humano no aguanta la soledad de tantos días y tantos años; en aquellos momentos eran posibles a veces rápidos diálogos, o por lo menos una comunicación silenciosa, corporal o visual, que levantaba el animo. El preso tenía tres potajes al día, una en la mañana, otra al medio día, y la ultima a las cuatros de la tarde; después del último potaje eran encerrados en sus respectivas celdas hasta el día siguiente.
Los presos políticos como Mandela, tenia el derecho a recibir una visita de media hora cada seis meses. La visita se llevaba a cabo en una habitación en que el prisionero y el visitante conversaban a través de la claridad de un vidrio, con pequeños orificios; esto en presencia sigilosa de dos guardas armados plenamente, que tenían la obligación de irrumpir la conversación siempre que se desviara de temas familiares y se topara con temas de actualidad o asuntos políticos. Pero también podían escribir y recibir dos veces al año una carta que antes de ser enviada o recibida pasaba por una inflexible censura que suprimía todas las frases sospechosas, capaces de esconder algún indeseable mensaje político. Pero este automatismo enloquecedor, orientada a destruir con la humanidad del penado, a destruir sus sentimientos, a embrutecerlo, a dejarlo privado de la razón, y hasta privarlo de los reflejos vitales; no consiguió en el caso insólito de Nelson Mandela; que por el contrario según testimonios de sus amigos de la ANC y los adversarios de PAC, que compartieron con él los años de prisión en el Robben Island; afirman que Mandela a los nueve años en prisión, cuando este se atenuó a regimenes mas flexibles; pudo finalmente estudiar leyes en la universidad de Londres, que además de eso pudo cultivar un pequeño jardín y alternar con los otros presos políticos en las horas de trabajo en las canteras vecinas. Mandela se volvió un hombre mas sereno y profundo dentro de la prisión, que antes de estar en ella; adquirió una lucidez y sabiduría política que fueron definitivos para que su autoridad se impusiera primero sobre sus compañeros de Robben Island, luego sobre el congreso nacional, y finalmente sobre todo un país Sudafricano. Nelson Mandela, en esos años de espanto y dolor, en vez de impregnarse de odio y rencor, llego al convencimiento de que la única manera de resolver el problema era a través de una negociación pacifica con el gobierno blanco que creo el apartheid; a través de una estrategia persuasiva a que cese finalmente el sistema discriminatorio contra ese 12% de población negra por parte del 88% restante. El soñó con la armonía y la cooperación entre sudafricanos y las diversas razas y culturas de ese pueblo, lo cual finalmente logro hacerla realidad después de una ardua lucha desde el mismo centro de la prisión.
Si alguna vez en la vida, tenemos la oportunidad de visitar Sudáfrica y especialmente la ciudad Del Cabo, no nos contentemos en recorrer sus espectaculares playas, o viendo curiosos pingüinos que habitan en sus orillas, o espectando sus esplendorosas sabanas colmadas de animales salvajes; sino visitemos esa isla que apenas sobresale de las aguas del atlántico, hoy convertida en museo para que todo el mundo pueda conocer la historia que tiene Robben Island, la isla en la que un hombre histórico lucho veinte años de su vida, inagotablemente, solo por conseguir abolir un régimen brutal y asesino, que fue impuesta por un gobierno racista en contra de los hombres que solo querían la libertad dentro de su propio país; Robben Island es la isla solitaria sobrevolada por aves marinas, en donde un hombre sufrió prisión por conseguir la libertad। Nelson mandela recibió el premio Nóbel de la paz en 1993 en homenaje a su esfuerzo. Mandela es el símbolo del esfuerzo por conseguir un ideal, Mandela nos demostró que si se podemos lograr un mundo en el que el racismo sea solo una utópica posibilidad. Mandela es sin duda el símbolo de la lucha contra la discriminación racial.
Escribe: Jesús Henrry Mojo López

EL HIJO DEL VIENTO: Una milagrosa descripción de lo cotidiano en los Andes

NO HACE MUCHO, un súbito fenómeno embrolló las calles de la ciudad, y es que el hijo del viento estaba siendo estrenado; una película que nos mantiene con la mirada fija en la pantalla, siguiendo cada segundo, cada minuto de su suceso, y es que Flaviano Quispe parece espontáneamente haber recurrido a ese mundo interior que es la vida en los andes de nuestra patria, esa vida relegada y que solo es recordada de cuando en cuando por el silbido del viento al llegar la noche, una película que atrapa desde un primer momento por el carisma que despierta el personaje femenino, por los sencillos paisajes que aparecen en un segundo plano; los actores de el hijo del viento parecen súbitamente no ser personajes de película sino vivir esa vida ordinaria que es la miseria, la podredumbre humana, el dolor, las decisiones espontáneas, las lágrimas y la humillación; Alicia nos lleva con su mirada inocente y su sonrisa tímida a ese submundo de las miles de mujeres andinas olvidadas, humilladas y abandonadas por algún ser humano que por soberbia o languidez trasciende su responsabilidad para hacer de su vida una vida acaba -que es lo que aparece tenuemente en la película- . El hijo del viento, es sobretodo, esa soberbia descripción de lo inimaginable, de la realidad encarnada, de las precarias condiciones a las que puede descender la condición humana allá en esos paisajes andinos, que nos parecen súbitamente deshumanizados, pero que en el fondo de ella hay una interminable expresión de belleza, carisma y sobre todo un enorme amor por la naturaleza y la vida.
La película nos cuenta la historia de Alicia, una sencilla vendedora de chicha que inicialmente es parloteado por un policía, que sin saberlo, recurre a ese momentáneo y alígero amor que inspira la belleza femenina; ella rápidamente con su timidez, con la gracia de sus expresiones, da esa confianza al espectador, haciendo de ella un personaje muy por debajo del espectador, ungiendo esa confianza y a la vez maquillándolo para hacerle creer y sentir al espectador que él es mucho mas que ella. En cambio, Gustavo -el personaje masculino- no parece ceder esa confianza que el espectador cree ser acreedor, e insiste a cada momento ser siempre superior a todos; pero asomándonos con sutil delicadeza sobre la película, vemos intempestivamente que Gustavo parece ser condenado a eso que llamamos el malo de la película, pero que sin embargo él insiste en pertenecer a ese lado brioso y halagado de la película.
Alicia se expresa en un lenguaje sencillo, y nos parece no haber logrado todavía la barrera del lenguaje bien hablado, y es que ella en su afán de ser fiel a la realidad, trasmuta y se desintegra en su personalidad para convencerse de que el universo andino es el universo del idioma español mal hablado, a nosotros los espectadores nos parece que, ese personaje femenino que encarna Alicia parece súbitamente haber perdido su cultura y olvidado su pasado quechua y, trata vana e interminablemente de ser lo que no es y no puede ser.
Cuando Gustavo -el policía- se ofrece a llevarla en su moto, -por que tiene una encomienda que llevar justamente al lugar de procedencia de ella- recurrimos fielmente a eso de los seres humanos que llamamos ofrecimiento por algún interés personal; y eso es lo que sucede en la película; él improvisa una falla mecánica de la moto, se detiene, en su afán personal alejarla de la carretera, y sin pensarlo propasarla sin remordimientos, y descender a la barbarie, a la más mínima expresión humana, que es la violación.
¿Te has dado cuenta el daño que me has hecho? -expresa amargamente Alicia-. Sí lo sé, perdóname; responde Gustavo, aceptando humanamente el error en la que incurrió, pero ese perdón nunca llegará a ser del todo una realidad; sí el daño está consumado nada se puede contra ella; esa escena deslumbrante y animalezca, ofrece un panorama desolador de lo que es el peligro en los andes, en donde algunos Gustavos buscan como aves de rapiña a sus presas inocentes, que por entre peligrosos peñascos o inmensas pampas transitan olvidadas por el destino, donde la cordera se encuentra al acecho absoluto y a la intemperie indecible. Cuando Gustavo toma un billete y la ofrece en pos de buscar un concilio, recurre a ese mundo azaroso que es la de la injuria, la humillación, la maldad y la corrupción; Alicia en un primer momento tímidamente toma el billete, pero en seguida se arrepiente y lanza a la palestra, y recupera esa dignidad de mujer, esa actitud de valentía que representa a las miles de mujeres, esa incorruptibilidad a la que siempre a obedecido la mujer andina; al final de la escena, Alicia representa esa bajeza a la que incurrimos los seres humanos, aunque sea temerosamente, en la que siempre somos llevados por el mercantilismo, por tener siempre lo mejor y olvidar por un momento de lo que representa el valor humano dentro de nuestras vidas.
En el rodaje, la modernidad no parece haber llegado todavía a esos parajes olvidados, ya que cuando Gustavo la ofrece como regalo un pequeño reproductor de música, ella observa extrañada aquel objeto que parece súbitamente hacerla olvidar la cólera y el rencor; la pésima condición humana allá en ese universo rodeado de montañas que a una primera mirada parecen no tener alguna forma de vida, la vida siempre ha sido una melancolía, una sempiterna lucha por vivir mucho mas de lo que se vive, trascender esta realidad para vivir esa vida que encarnan las vidas novelescas, alimentarse de la ficción para satisfacer esa otra vida que no vivimos, la modernidad parece asomarse a esa otra realidad que no nos es otorgada a los seres humanos. En otra escena de la película vemos que Alicia, esa mujer que inesperadamente cambia de estado anímico, para hacerle saber a Gustavo que está embarazada, esa confirmación no agrada en demasía, y él en ese afán conspirativo propone el aborto; y con este hecho deja notar una vez mas la degradación humana, y no solo se representa a si mismo, sino que mediante él desmantela esa única reacción que pueden tener los jóvenes ante una inesperada confidencia de embarazo; al final la vida se antepone sobre la reacción autoritaria, llega José, un niño que sin saberlo es expuesto a ese abandono paterno, la madre silencia ese hecho argumentando que su padre esta muerto.
¿Cuántos niños como José, existen sobre nuestro planeta? No lo sabemos, pero de lo que si estamos enterados es de esa realidad cotidiana, no solo sucede en los andes, sino esta ahí latiendo como un corazón, en cada pueblo, en cada cultura, cada ciudad tiene sus niños sin padre; esos niños a la que recurrimos mediante José es a la que a veces humillamos y maltratamos -mendigos, triciclistas, cobradores, heladeros; todos niños-, y lanzamos nuestra palabras que rebajan su personalidad y su autoestima ¿tiene la persona humana conciencia que cuando se le sojuzga y rebaja a un niño, él acumula su cólera y un día la desfoga con toda sus fuerzas, para ser lo que no pudo ser?
La madre abandonada (Alicia) busca una especie de amor -porque nunca la tuvo-, en Teofilo, ese amigo que lentamente se va convirtiendo en el conviviente; pero el traspié es José, por que él no acepta esa autoridad a la que será sometida, una autoridad que no es paterna, pero que vilmente disimula serlo; José personifica a esos miles de niños que viven desde siempre con la madre, y cuando alguien del sexo opuesto llega, siente celos, y no soporta ese acercamiento, aunque fuera por un momento; por la pequeña ideología de José transcurre a eso que llamamos apego, apego que convierte peligrosamente en una especie de consolidación de vidas; cuando un niño como José vive desde siempre con su madre y es ella la que siempre acompaña en su diaria existencia, es ahí cuando él la siente al mismo tiempo todas las cosas que pueda ser un mujer -madre, enamorada, abuela, padre, amiga, y muchas otras cosas mas-.
Cuando Alicia levanta la voz entre llantos o ruegos, parece no ser ese personaje de película, sino ser la misma madre de cada espectador; porque sus palabras resuenan en la conciencia de cada persona; esa voz que a primera oída perece no transmitir un mensaje, esta en el fondo llena de sabias reflexiones.
El hijo del viento es un eco de la vida andina; refleja sus peripecias, sus bajezas, sus costumbres, su lenguaje incierto, su vida en plenitud, y sobre todo esa otra realidad que perece inventada, obtenida de un libro de bellas leyendas o sobrecogedoras historias.
Escribe: Jesus Mojo Lopez

¿Qué esta sucediendo en el Perú?

EL PERÚ es el país de las maravillas, de los sueños ilógicos, y es que la realidad se confunde con la ficción, me dijo un amigo mientras caminábamos por el campus de la universidad; no tome demasiado interés a su repentino comentario, la mayor sorpresa llego unos días después, cuando súbitamente la prensa escrita, televisiva, radial y demás, era el reflejo de un país convulsionado, de un país de violencia, de un país soberbio e intencionalmente altanero por los bajos índices que muestra su inflación, pero que dentro de ella se vive una realidad tan distinta como ajena, esa otra realidad improvisada que era reflejada al exterior; y esa verdadera realidad salio a la luz a través de la barbarie cometida en la amazonía, aquel horrendo e imborrable día fue el encuentro entre la pura ensoñación concebida y la gran depresión que vivía y vive nuestro país; de una sociedad marcada por asesinatos, de un país histriónico que invertía su mirada hacia el espectáculo de la bajeza humana, el asesinato, la venganza, a la ilógica obsesión por la sangre, a esa cruenta expresión humana, que es la intolerancia y el homicidio.
Primero fue el salvajismo de la amazonia; los peruanos sencillamente no podremos olvidar aquella mañana de terror, de crimen, de fogosidad desenfrenada, de muerte y sobre todo del ensañamiento de algunos seres humanos contra otros seres humanos, lo ocurrido en nuestra amazonia es la triste historia de los últimos tiempos, la triste realidad escondida y que finalmente – por su propios medios – detono trayendo consigo un torrente de dolor, sangre, desesperanza, cólera y pena. Pero ¿Quién o quienes fueron los personajes oscuros e invisibles que construyeron toda aquella sombría aventura sangrienta? Acaso no fue la enfermedad de la sordidez, el desentendimiento, la intolerancia, la desatención, la incomprensión, y todas estas generadas por talvez un único factor, que es la terquedad y el menosprecio del gobierno a esos pueblos milenarios que tonta y racistamente nos empeñamos en llamar aborígenes. “Un hombre que encierra injustamente a otro es él mismo prisionero de su odio. Nuestra tarea liberar a los oprimidos así como a los opresores, por que ambos han perdido su humanidad”, dijo alguna vez Nelson Mandela; e inesperadamente aquella mañana parece haber ocurrido aquello, ambos, tanto policías como protestantes parecen haber perdido su humanidad, recurriendo al salvajismo, proyectando su mas interior fiereza, dejando de lado su cerebro civilizado para retroceder a la era del oscurantismo en donde la violencia era la materia prima para conseguir un bien para satisfacer una necesidad. Lo que ocurrió allí, el ahora denominado “Baguazo”, es un dato mas para los libros de historia, una sencilla anécdota para los extranjeros, y para nosotros los peruanos, un atormentador recuerdo de que en nuestra patria estamos llegando a límites insospechados de violencia; el “Baguazo” es un claro ejemplo de lo que puede suceder cuando no existe el dialogo premeditado, esta lección aprendida debería no solamente valer para la conciencia de cada peruano, sino para la conciencia de todo ser humano que habita en este pequeño planeta que no es mas que un cúmulo de contrariedades y desentendimientos.
El “Baguazo” ese caso estrambótico -que perece haberse escapado de un libro de violentas leyendas-, es la humillante noticia para el ser humano, y es que ello muestra que el hombre aun no ha perdido su salvajada interior, que esa complejidad abrupta duerme dentro del ser humano pero no muere. La grave enfermedad de la que sufre nuestra sociedad es la de ser una sociedad en vías de acceder a una cultura de calidad; ya que el hombre si un mínimo de nivel cultural es fácil de manipular, de conducirlo a la maldad, o conducirlo hacia el camino del bien, eso dependerá de la buena voluntad del manipulador; por eso la enfermedad de la mala educación que adquieren nuestros niños es el factor primo de malas conductas del hombre y la sociedad en su conjunto, porque no se puede crear una sociedad apartada del conocimiento humano, y si lo hacemos, retrocedemos a las épocas incivilizadas y con ello a la violencia.
Luego de la atrofiante noticia del “Baguazo”, vino la escandalosa noticia del asesinato de una cantante que si bien no era tan afamada, con su cruenta muerte se hizo popular y su nombre resonó en cada conciencia, aunque por ese tiempo también resonó a nivel mundial la muerte de un cantante de talla mundial – Michael Jackson -. Pero tomamos mas atención a esa muerte intrigada quizá por una tercera persona, ya que el pueblo peruano en los últimos tiempos se ha ido acondicionando a su música ancestral, a la que antes despreciábamos por un complejo extranjerizante; el huayno es el símbolo de la música peruana, y es autentica, mas allá de la música criolla, que obviamente no tiene raíces peruana sino condicionada, y por ello sus cantantes son afamados y queridos; la muerte de Alicia Delgado fue un golpe para el Perú de cholos y mestizos. Hasta los diarios capitalinos acriollados más serios cayeron en la tentación de hacer de esta noticia, sus portadas. Esta inocente muerte acaeció en un buen momento para el gobierno, ya que muchas protestas populares fueron desapercibidas y no tuvieron una buena cobertura por parte de la prensa, en nuestra región paralizaron los transportistas, los mineros también hicieron lo suyo, aunque estos últimos consiguiendo buenas respuestas y soluciones, las cuales esperemos que se concreticen muy pronto; en el ámbito nacional: Simon Munaro daba sus últimos aletazos al frente de la presidencia del concejo de ministros, en el ambito internacional: Honduras era una replica del convulsionado Chile de 1973, un golpe de estado derrocaba a Manuel Zelaya de la presidencia, así, la muerte de una artista del folclore nacional atrapaba la mayoría de las portadas, muchas noticias quizá mucho mas importantes pasaban desapercibidas, y es que la mirada nacional se centro en un tema pasional como fue este; ahora y ya mucho menos agitados, podemos analizar ese tiempo de hipnotización social que sufrió nuestra patria, y podemos ver nuestras sensibles debilidades de la que sufrimos los peruanos, ya que no podemos dejarnos atrapar – como niños por un hermoso juguete, habiendo otros mas bellos- por un solo suceso, habiendo intereses mucho mas importantes para nuestro país, y que desgraciadamente dejamos pasar sin haber hecho lo suficiente, ya que el tiempo y las oportunidades perdidas no vuelven mas. La catacumba realidad peruana es la de ser débil es aspectos puramente sociales y de trascendencia social, como los que recientemente acaecieron, olvidamos nuestras importantes importancias para desviar nuestra concentración en temas puramente pasajeros y fortuitos, y es que talvez sigamos sufriendo de las enfermedad a la que nos atrevemos llamar “parálisis social”; lo que nos sucedió no nos debe ya suceder, y que la lección que aprendimos quede en nosotros. Para terminar quisiera referirme a un hecho reciente - y esto demuestra nuestra triste e infeliz realidad – y casual. Una tarde, cuando transitábamos con un compañero de la universidad por alguna de las calles de la ciudad, vimos a un hombre en estado no ecuánime, pidiendo la atención de un estudiante – nosotros suponemos de algún centro superior -, y le pregunto: ¿Cuántos años de independencia cumple este año el Perú? Aquel estudiante quedo anonadado y sin palabras ¿Por qué? No lo sabemos, usted tiene la respuesta.
Escribe: Jesús Mojo López
 

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