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| Yahaida despues del primer acto |
Escribe: Jesús Mojo López
Jaime avanza por la avenida floral. Enciende un cigarrillo y fuma con desesperación. Estaba en el último año de ingeniería mecánica, y dentro de poco ya dejaría esas aulas que fueron siempre su mayor aburrimiento; eso lo ponía alegre. Hace rato, antes de salir de la universidad, habíase quedado dormido en esas clases de “Centrales Eléctricas I”. « ¿Que hare esta noche? » se pregunta mientras avanza y una bocanada de humo sale de sus entrañas. Es viernes y hoy las discotecas están repletas de esas jovenzuelas que buscan placer y, gimen enloquecidas cuando lo consiguen. « ¿Iré hoy en busca de una? » se pregunta y medita la respuesta. «Aunque hoy quede en verme con Leticia» recapacita.
-Convocare a asamblea- dice tomando una determinación. La asamblea lo conformaban los entes imaginarios que solo existían en su mente.
Es ermitaño como pocos en esta ciudad, le gusta la soledad y se sentía mejor. Pero cuando logra juntar a los amigos por iniciativa propia, termina convirtiendo una miserable noche en una noche inolvidable. Hace un mes que no frecuenta las discotecas. La última vez fue cuando termino inconsciente en una cama del hotel “Don Pucho”, acostado al lado de una extraña muchachita. Se levanto con desesperación, miro a un lado y otros sin saber donde estaba, agarro su pantalón y su camisa que estaban diseminadas en el suelo, cogió su llavero puesta sobre la mesa de noche y se marcho dando un portazo, no sin antes volver a meter la cabeza por la puerta y decir « Si te vi, no me acuerdo ».
Hoy esta desganado y cansado. Llega al mercado bellavista y se apoya en el poste que esta al frente del quiosco de periódicos. Unos minutos después recibe una llamada. Es su casual enamorada. « Estoy por el estadio. Te espero ahí » dice la muchacha al otro lado del teléfono móvil. Se encamina hacia allá. Cuando llega; la ve sonriente, pero él esta serio como un muerto. « Cambia esa cara mi amor » le dice ella rodeando su cintura con sus delicadas manos, siempre sonriente. La abraza sin amor, sonríe toscamente como aburriéndose.
Momentos después se les ve discutiendo, ella levanta la mano enérgicamente y el sonríe disimulando que nada esta sucediendo. « Sabes Jaime, me canse de ti, eres tosco, frio y aburrido, esto se termino » Sentencia ella y se marcha sin voltear. Él queda frenético sin saber que hacer.
« El amor es una mierda, la vida es una mierda, todo es una mierda…» dice sorbiendo una copa de vino caliente, sentado ya en un bar junto a Christian.
« Disculpa la expresión –dice, mirando a una dama que acaba de entrar-. Hoy termine con mi única enamorada; no la quería en realidad, pero ella era dulce al principio, luego empezó a cambiar o yo cambie, no lo se. Últimamente discutimos mucho, cada cosa era pretexto para discutir, y eso nos aburría. Nunca me he enamorado, eso creo hasta hoy, siempre he tenido solo deseos y eso me movía a salir con una chica, y con ella no fue la excepción, me gustaba su cuerpo contorneado, su sonrisa inocente, sus labios carnosos, sus senos abultados y, cuando la poseí aquella noche de abril, sus muslos blancos fueron mi gran debilidad»
Son las diez. La noche muere y las calles se impregnan de un misterioso velo de silencio. Una borracho mea sin preocuparse frente a la estación de tren, balbucea alguna palabra que nadie entiende, y se marcha sin inmutarse.
Jaime y Christian siguen bebiendo enloquecidos. Conversan con más bullicio que en las mesas vecinas, la luz difusa del bar construye en ellos una misteriosa sombra, formando con sus perfiles un semblante fantasmal.
« Vamos a una discoteca » dictamina Jaime después del sorbo final; Christian asiente sin mediar palabras.
Cruzan el Parque Pino casi balanceándose. Intercambian miradas con los últimos transeúntes de la noche. Son casi las once. Los taxistas se apoderan de las calles y su soledad. Avanzan por el jirón Lima, a esa hora, la ciudad duerme; solo algunos se quedaran hasta el amanecer bebiendo y bailando.
« Me han dicho que la Pentagono es la discoteca de mala muerte, pero las jovencitas son fáciles de entrar, además hay por cantidades. Esta noche tengo el deseo de llevarme una al hotel. Además esa será la traición con la que le pagare a Leticia por haberme terminado » dice Jaime al momento de reírse bajando por el jirón Melgar. « Ponte sereno, vamos a entrar ».
La discoteca esta repleta como cada fin de semana; avanzan entre la aglomeración que baila enloquecida por la música. Se sientan en un sillón del segundo piso y empiezan a beber sin control.
Un grupo de amigas bailaban muy cerca de donde estaban. Jaime se había fijado en una de ellas, hasta le había guiñado, frente al cual ella había sonreído dulcemente. « Creo que ella será mía esta noche » susurra.
Son las una y media. Están totalmente ebrios, quieren bailar y apenas encuentran equilibrio. La chica del frente también había quedado picada por el licor, ya no estaban todas sino solo ella y una amiga. Jaime la mira fijamente y ella corresponde; sin dilaciones se manda al ruedo y la invita a bailar.
Ahora están bailando los cuatro. Tratan de intercambiar palabras y la música se sobrepone. Como te llamas; Yahaida, y tu, Elizabeth, y ustedes; Jhon y Eddy. Siguen bebiendo y, cada vez más están delirantes, todos se mueven poseídos demoniacamente por la música, y ellos son el grupo que mas baila.
Momentos después.
Jaime no quiere seguir bailando, quiere poseerla, y no encuentra como. Finalmente le susurra algo a Christian. Pasan unos momentos y Christian lleva a Elizabeth al mostrador como pidiendo compañía, pide unos cigarrillos, mientras Jaime conduce a Yahaida a otro lugar de la discoteca. Cuando Elizabeth vuelve y al ver que Yahaida no esta, se apresura en salir a la calle con la esperanza de encontrarla todavía, mientras Christian se ríe para sus adentros; recibe una cachetada y ella se marcha en un taxi.
Jaime y Yahaida están besándose al fondo de la discoteca entre el gentío que baila torpemente ahora. Christian los ve y sonríe malévolamente.
Son las dos de la mañana y Jaime sale de la discoteca abrazando a Yahaida. « Don Pucho » dice al pasar frente a Christian sin que Yahaida advirtiera su presencia.
El cuartelero del hotel Don Pucho los atiende sin sorprenderse. Alquilan la habitación 20, suben abrazados y besándose. Jaime había susurrado algo al cuartelero antes de subir, no sin antes de pedir una botella de vino.
Christian llega al hotel y el cuartelero lo atiende con una sonrisa cómplice, pregunta el número de habitación y sube cautelosamente. Se instala muy cerca de la puerta y apoya su oído en ella. Al otro lado se escucha besos exorbitantes y despiadados, se escuchan sonido de copas, la cama chirria levemente y un gemido leve empieza a escucharse; la cama se agita cada vez con más violencia y los gemidos son cada vez más fuertes y hedonistas. Christian escucha sobreexcitado el gemido provocador al otro lado de la puerta, quiere entrar pero sabe que no puede hacerlo. Ella la abraza con fuerza, mientras él sigue con sus últimas energías la labor agotadora « Sigue… sigue… no pares Jhon» susurraba ella en los oídos de Jaime. El momento erótico y nocturnal se alargo por uno 8 minutos; hasta que un « Ahhh que rico» termino con todo aquel momento efímero.
Yahaida esta ahora de espaldas en la cama. Esta cansada, los gemidos la habían dejado agónica. Jaime sale de la habitación y se dirige al baño. «Tu turno campeón» había dicho dando una palmadita a Christian; mientras este entra rápidamente a la habitación y se desviste sin que ella lo notara. Se le acerca lentamente y empieza por tocar el muslo de sus piernas, la besa en los glúteos y besando recorre toda el contorno de su espalda, mientras ella se deja sin mediar vacilaciones. Ella se recupera, manosea el falo erecto de Christian sin advertir todavía su presencia, él la voltea rápidamente y sin violencia la coloca en posición uveral; lentamente la posee bajo sus poderes concupiscentes. Ella gime agónicamente por segunda vez, mientras él disfruta de la sensual curvatura de sus glúteos latescentes y la toca los senos metiendo la mano desde atrás. El segundo momento placentero para ella, dura 10 minutos.
Christian se viste con paciencia siempre tratando de evitar la mirada frontal. Mientras ella esta complacida y recostada en la cama, él la tapa con la sábana roja. «Ya vuelvo, voy al servicio prepárate para el tercero» Dice y cierra la puerta cautelosamente.
Christian sale de hotel y en la otra esquina Jaime esta fumando; al encontrarse, ambos se ríen con complicidad y se marchan.
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